Jesús Moreno
Oro Molido n° 16
Publicación de improvisación libre, arte sonoro y nueva música.
Enero 2006

Huesca, 30 de octubre 2005
La última jornada de la pasada edición de Periferias (el festival de "amplio espectro" del otoño oscense) estuvo copada por propuestas y músicos relacionados con el jazz y la libreimprovisación.
La sesión de tarde -denominación mas que apropiada ya que se celebró en la sala de un cine recién cerrado- se anunciaba como Homenaje a Robert Wyatt. Periferias incluye cada año el homenaje a un artista que considera seminal y a Sun Ra, Kraftwerk y Zappa se vino a sumar este año el nombre de esta figura mítica del Sonido Canterbury... De los tres grupos propuestos para esta tarde los que abrieron fuego venían anunciados como un off-homenaje. Y es que Meeting 49; nombre bajo el que se presentaban dos veteranos de la improvisación y la experimentación peninsular con una coincidente fecha de nacimiento y "estancias suizas" -el barcelonés Josep Maria Balanyà, de inicios "laietanos" con Carretera y Manta y pianeo de querencias Cage, y el santanderino Pelayo Fernandez Arrizabalaga, tocadiscos y soplables, ex Orgón y ex Clónicos, que es lo mismo que haber sido en Madrid de todo lo que "ha sacado los pies de las alforjas" -proponían un alegato contra "todas las guerras".
Eso, para empezar la tarde, fue..., fue como comenzar una larga velada con un "trago largo". Bueno, al que organizó las bodas de Canaan, le metieron "la bulla" por sacar el mejor vino al final por lo que quizá..., sí claro, sí, eso fue lo mejor.
A lo largo de casi una hora Balanyà y Arrizabalaga lanzados desde el inicio a una desbocada carrera ensamblaron sus discursos, acústico/ electrónico, de manera eficaz. Mientras Balanyà atacaba su instrumento con contundencia, haciendo apología de entrega física, Pelayo, un manipulador de vinilos que no un DJ al uso, creaba una segunda voz que se mantenía en un segundo plano, las más de las veces de forma complementaria. Los momentos más enérgicos/energéticos venían seguidos de otros de calma tensa en los que no se bajaba la guardia. En los breves pasajes en los que Pelayo sacó el clarinete bajo y el saxo alto se vio que el dúo igualmente podría haber optado por un (más) convencional diálogo acústico. Y para redondear su actuación el sonido fue magnífico.
...al final de la tarde me fui, sobrio, añorando ese primer "trago largo" y lamentando que de los programables en el festival se "cayeran" Les Anarchistes.